LA FRACASADA INICIATIVA DE PROHIBIR EL TÓXICO Y NOCIVO FLÚOR EN EL AGUA CHILENA

¿Sabía usted que en el año 1996 se intentó en el Senado de Chile detener la fluoración del agua potable?

En este país llamado Chile la gente permanece en la ignorancia, atontada por las medicaciones obligadas. Por una parte con las forzadas vacunaciones desde el nacimiento y como si eso no bastara, se suma la medicación con flúor de los suministros de agua potable.

Chile es el primer país latinoamericano en ser vacunado (desde 1949) y es el primer país latinoamericano en fluorar el agua potable (desde 1953). Ambas medicaciones mencionadas, aparte de dañar directa y gravemente la salud de la población, estupidizan y menoscaban la capacidad intelectual, razón por la que estamos exponiendo en este medio la verdadera historia que no le están entregando los medios “estupidizantes” y desinformadores, los mismos a los que se les llama medios de “comunicación”.

Sepa que alguna vez, años atrás, se presentó en el Senado Chileno una iniciativa para PROHIBIR LA FLUORACIÓN DEL AGUA POTABLE EN CHILE, pero como en esta larga y angosta faja de tierra ha sido tomada por los laboratorios farmacéuticos, su feroz lobby aplastó esta posibilidad y seguimos aceptando estúpida e ignorantemente que nos sigan lobotomizando químicamente, con el estúpido y pueril MITO que el flúor sirve para prevenir las caries.

Viajemos, hacia atrás, en el tiempo. Le dejamos a continuación la exposición del Senador de la época, Eugenio Cantuarias, explicando el asunto.

cantuarias

Habla el señor CANTUARIAS en el Senado Chileno en la Sesión 29ª, del miércoles 14 de agosto de 1996:

Señor Presidente, nosotros presentamos un proyecto de una simpleza extraordinaria: contenía un artículo de una línea que decía “Prohíbese la fluoración del agua potable en todo el territorio nacional”.

Según las explicaciones proporcionadas por el Presidente de la Comisión de Salud, esto ha dado lugar a una forma de regular la aplicación del flúor, que, ciertamente, es mejor a la situación en que nos encontrábamos. Sin embargo, debemos reconocer que dista de ser el objetivo de la moción inicial. Quiero hacer una breve consideración respecto del sentido de la fluoración.

La fluoración del agua potable ha sido cuestionada por diversos sectores de la vida nacional. En Concepción –y lo digo con mucho orgullo–, una comisión especial, integrada por destacados académicos de la Universidad de esa ciudad, pertenecientes a las Facultades de Ciencias Biológicas, Ciencias Químicas, Farmacia, Medicina y Odontología, realizó un estudio denominado “Efecto del Uso Sistémico del Fluoruro en la Salud Integral del Ser Humano y el Medio Ambiente“, cuya portada obra en mi poder. Se trata de un extenso análisis, al que, por lo demás, hice referencia en una intervención que desarrollé el 10 de enero de 1995 en esta Sala. Tal estudio es de marzo de 1994; se llevó a cabo por más de tres años, y los integrantes de la referida comisión fueron nominados por los Decanos de las respectivas Facultades, contando su labor con el apoyo de investigadores extranjeros, profesionales expertos en la materia y prestigiosos científicos de la comunidad regional.

Además, se tuvo el patrocinio del Colegio de Cirujanos Dentistas, del Colegio de Bioquímicos y de la Sociedad Chilena de Prevención y Educación para la Salud.
Por otra parte, el Departamento de Investigación y Medio Ambiente de la Empresa de Servicios Sanitarios de la Región del Biobío, ESSBIO S.A., desarrolló un estudio denominado “La Fluoración del Agua Potable, Una Decisión Cuestionable“. En el análisis que llevó a cabo esta empresa del Estado, se examinaron los antecedentes científicos existentes en torno a la fluoración del agua potable.

Conviene aclarar que a veces se habla de fluoración –por el nombre del elemento que se utiliza–, y en otras oportunidades se habla de fluoruración –por la forma en que el elemento, como floururo o ionfluoruro, se aplica a las aguas–; pero, en el fondo, significan lo mismo.

También se estudiaron los riesgos asociados a los efectos de la fluoración sobre la salud humana, los mecanismos de fluoración del agua y los impactos sobre los sistemas de tratamiento de las aguas servidas y el medio ambiente; la eficiencia del proceso, y los costos económicos vinculados al programa. La literatura científica existente respecto del tema es abundante, y de ella dan cuenta los trabajos ya mencionados, que son, a nuestro juicio, categóricamente elocuentes en cuanto a sus efectos nocivos para la salud de las personas y el medio ambiente, y señalan el imperativo de prohibir en el país la fluoración del agua potable.

Las conclusiones que surgen del estudio acerca del efecto de la utilización del flúor son, por lo menos, tres o cuatro:
Primero: se produce un incremento en la prevalencia y severidad de la fluorosis dental, lo cual podría desembocar en un aumento de la incidencia de caries, secundarias a las lesiones fluoróticas.
Segundo: se eleva el riesgo de incidencia de fracturas óseas, preferentemente de caderas, tanto en hombres como en mujeres, patología que implica una elevada morbilidad y un alto costo en salud.

Tercero: hay un incremento probable del riesgo de cáncer óseo, en particular de osteosarcoma, tumor muy maligno que afecta especialmente a jóvenes del sexo masculino menores de 20 años.

Y, cuarto: se registra un aumento significativo de la contaminación ambiental por fluoruro, que podría agravar otros problemas de contaminación ya existentes y cuyas consecuencias finales no se pueden dimensionar.
El estudio de ESSBIO, junto con arribar a las mismas conclusiones del realizado por los académicos que señalé, agrega como efectos negativos de la fluoruración del agua potable, trastornos digestivos, enfermedades metabólicas que agudizan el síndrome de Gilbert, absorción renal, diabetes, cardiopatías, daños enzimáticos y genéticos a nivel de labios, mandíbula y paladar, alergia y alteración del metabolismo calcio-fósforo en órganos de importancia vital, bloqueamiento enzimático en el corazón, riñón, hígado, y daño teratogénico.

Se sabe, adicionalmente, que el ion fluoruro afecta al medio ambiente, si bien se desconoce la real magnitud de sus impactos adversos, ESSBIO advierte que, para dar cumplimiento al programa de fluoruración, agregará 220 toneladas anuales del elemento al agua potable de la región que represento, de las cuales 218 –y éste es un detalle de la mayor importancia– llegarán a la naturaleza sin haber atravesado nunca siquiera un cuerpo humano. En consecuencia, resulta evidente que la eficiencia del programa es sumamente discutible.

A las fuentes naturales de flúor, debe agregarse el distribuido en pastas dentales, chicles, bebidas, medicamentos, tés, reconstituyentes, abonos, etcétera.
El ion fluoruro es un agente químico de gran actividad y se distingue por ello. Sustituye grupos hidroxilados en sustancias orgánicas e inorgánicas, formando compuestos solubles e insolubles con enorme facilidad y convirtiendo moléculas de poca actividad en otras de gran biodisponibilidad, además de transformar moléculas útiles en tóxicas.
En otras palabras, como lo señala el estudio de ESSBIO, constituye un veneno comparable al arsénico y al plomo, como lo confirman muchos trabajos de investigación toxicológica.

Deseo destacar que ESSBIO es una empresa del Estado y que su Departamento de Investigación y Medio Ambiente llega a conclusiones –como las aludidas– más audaces, avanzadas y terminantes que las del estudio de los académicos patrocinados por la Universidad de Concepción, el Colegio de Cirujanos Dentistas, el Colegio de Bioquímicos y la Sociedad Chilena de Prevención y Educación para la Salud.

Por último, cabe afirmar que, en el estado del conocimiento actual, nadie puede garantizar los efectos benéficos del flúor como medida de profilaxia en las caries dentales.

Entonces, señor Presidente, el tema que se plantea dice relación a que un programa de salud apunta a fluorar el agua potable, porque se quiere disminuir la prevalencia de caries en la población, y algunos estudios técnicos muestran que, lejos de producirse esa consecuencia, existen otros problemas y riesgos.

Creo que la moción ha tenido por lo menos un mérito, al propiciar un debate que era bastante “entre sordos”, puesto que académicos partidarios de la medida no se reunían con los otros. La discusión de esta iniciativa en la Comisión de Salud permitió contrastar esas opiniones.

Para mi gusto, no se trata de una cuestión política, sino técnica. Y considero que todos los juicios bienintencionados son legítimos. Todos. Me refiero tanto a los de aquellos que son partidarios de fluorar el agua como a los de quienes hoy, en virtud de los antecedentes puestos a nuestra disposición, no lo somos.

Conviene recordar que los Diputados señora Martita Wörner y señor Alejandro Navarro, en su oportunidad, cuando tuvieron conocimiento del programa, interpusieron un recurso de protección, por estimar, sobre la base de los antecedentes que he reseñado muy rápidamente, que existía un riesgo para la población. A mi juicio, ésa fue una estrategia inconveniente, porque, como efectivamente ocurrió cuando el tribunal dictó el fallo denegatorio, apareció una validación judicial para una medida técnica que nosotros queríamos discutir en un plano distinto.

Éstas son, entre otras, las causas que motivaron la presentación de la moción, como primer antecedente.

Segundo antecedente: me preocupa el hecho de que, en la discusión del tema en la Comisión de Salud del Senado, la exposición de los argumentos a favor y en contra llegara a un punto en que los asistentes recibiésemos evidencias que hacían tanto aconsejable la medida, según un grupo de personas en cuyas posturas y referencias bibliográficas no se puede sino creer, como desaconsejable, de acuerdo con referencias bibliográficas diferentes.

Sin embargo, el Ministerio de Salud, que quería llevar adelante el programa, invirtió el orden –en forma inconveniente, a mi juicio– que se debe seguir con relación a un asunto de salud pública, al exigir, prácticamente, a quienes nos oponíamos: “Demuéstrenme que es malo fluorar, para que yo revise el programa.”

Y deseo consignar, al respecto, que lo que puede resultar muy razonable en materias del Código Penal, u otras de ese tipo, es al revés en el ámbito de la salud pública.

De hecho, la Ley de Bases del Medio Ambiente responde a un criterio distinto. El que quiere alterar artificialmente las normas que rigen el sistema de distribución de agua potable incorporándole un elemento adicional, discutible o discutido, como el flúor, según hemos indicado, es quien debe demostrar que éste hace bien. Y, además, debe demostrar que algunos de sus efectos no hacen mal.
En cambio, ahora se invirtió, en el fondo, el peso de la prueba: se pidió a quienes, fundados en argumentos técnicos, se oponen a la medida demostrar que ella hace mal. Y, en salud pública –repito–, ese enfoque definitivamente debe ser abandonado.

Expondré dos últimos puntos, señor Presidente. Uno de ellos se refiere a una cuestión de eficiencia. Para el mismo objetivo que se persigue, tomando en cuenta que los programas de fluoruración son más eficaces en la población menor de 12 años, pareciera ser que existen medidas menos masivas y que implican menos desperdicio.

Sobre el particular, recuerdo las 218 toneladas de flúor, del total de 220 que se emplearán en la Región del Biobío, según antecedentes proporcionados por ESSBIO, que nunca atravesarán un cuerpo humano y, por lo tanto, no serán susceptibles de ser metabolizadas ni de producir ningún efecto acerca de lo que se quiere precaver. Cabe poner en práctica –y la Organización Mundial de la Salud así lo recomienda– sistemas alternativos, desde la dosificación a la población escolar, la aplicación en la sal común y hasta medidas que pueden ser menos masivas, afectar menos al medio ambiente y ser más eficaces y focalizadas hacia aquellos a quienes se dirigen.
Dispongo, además, de una estadística respecto de algunos países donde se han registrado experimentaciones como la que nos ocupa. Por ejemplo:

En Alemania se detuvo la fluoruración del agua potable en 1971, luego de 18 años de experimentación; en Bélgica se realizaron experimentaciones hasta 1978, siendo suspendidas posteriormente; en China fueron fluoruradas algunas regiones desde 1965 hasta 1983, desechándose el programa; en Finlandia, el programa cesó en 1993; en Francia jamás fue considerada la fluoruración del agua potable como esencial para la protección de la salud humana; en Holanda fue suspendida, en 1976, la fluoruración del agua, después de 23 años de experimentación; en Italia, en 1978, se discontinuó el programa en algunas plantas, referidas a algunas zonas del país; en Portugal, una pequeña planta experimental funcionó desde 1959, pero se suspendió el programa de fluoruración después de 1978; en Suiza, un programa experimental –entiendo que todavía se mantiene– abarcó apenas a 4 por ciento de la población. Finalmente, en Suecia, la fluoruración del agua se halla prohibida por ley. Habiendo sido suspendida en 1969, después de 10 años de programa experimental, se solicitó a la Organización Mundial de la Salud proporcionar evidencias de que es inocua, pero ninguna fue presentada. El Parlamento declaró ilegal la fluoruración en 1971.

La comparación con lo que está aconteciendo en otros países, en particular en algunos a los que reconocemos una condición de desarrollo distinta y, eventualmente, mayor y mejor que la nuestra, es la que nos ha impulsado a presentar la moción de que se trata, que ha sido transformada y que ciertamente nos pone en la perspectiva de que, respecto de la materia que en ella se contemplaba, será mejor lo que regula el proyecto, pese a lo cual somos partidarios de prohibir la fluoración de las aguas.

Si lo permite el Honorable señor Arturo Frei, quiero señalar que con dicho Senador íbamos a patrocinar en conjunto la iniciativa; pero, en el momento en que ésta fue presentada, él no se encontraba en el país, razón por la cual, no obstante haber tenido los mismos antecedentes que yo poseo –proporcionados por los académicos de nuestra zona–, no la suscribió. Sin embargo, estaba interesado en que el tema fuese debatido en la Comisión de Salud y en la Sala, en la forma como ha ocurrido.-

*NOTA: Nuestra organización ciudadana no pertenece a ninguna corriente política, sólo nos interesa que se elimine el nocivo flúor del agua potable de Chile y cualquier político -del partido que sea que pertenezca- es bienvenido a la hora de sumar fuerzas y hacer efectiva esta exigencia ciudadana.

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